martes, 28 de febrero de 2017

Contrapunto lúdico con Vicente Espinel





Es curioso que Vicente Espinel (1550-1624), el "supuesto" creador de una de las estrofas más usadas en la poesía española de todos los tiempos y que tanta gloria le dio y le ha dado, la  décima espinela, apenas fuera consciente de la importancia de esta innovación estrófica, y, lo que es más asombroso aún, que apenas la haya utilizado. Sólo diez espinelas constan es su obrar poético. Dos a modo de elogioso prólogo al  libro de Gonzalo de Céspedes y Meneses, Poema trágico del español Gerardo, publicado en el año 1615, y ocho en su libro Diversas Rimas, editado en Madrid en el año 1591, las cuales publicó con el nombre de Redondillas. Fue Lope de Vega,  gran admirador de Espinel y del que se consideraba discípulo, el que bautizó  la consabida estrofa con el nombre de espinela, haciendo justo y merecido homenaje a su "creador", y sería él, el propio  Lope, junto a otros grandes de sus contemporáneos: Calderón, Núñez de Arce, Cervantes, etc, los que la popularizaron.


Otra curiosidad es que, precisamente, no fue con sus espinelas que Vicente Espinel, este ilustre y polifacético hombre (también fue novelista, músico, soldado y sacerdote) alcanzara sus más altos vuelos poéticos. Tampoco le debe a ellas  la notoriedad  que gozó en su época, ya que esto es culpa, en parte de su labor como novelista, sobre todo por su novela Vida del escudero Marcos de Obregón y por otras de sus varidas facetas.



Como últimamente no escribo ni dibujo, excepto alguna que otra decimilla a petición de mis amigos, me dedico a leer mucho, a estudiar e indagar, y fue así como llegué a Diversas Rimas, y a varias ponencias y estudios sobre la décima y sobre la vida de este poeta en cuestión.


Ni corto ni perezoso me descargué el libro de Espinel, libro que, por cierto, aparece en  edición original, y que pueden encontrar en Google play libros de forma gratuita.



He rescatado esas ocho redondillas que aparecen en Diversas Rimas  y, también, las dos del prólogo al libro de Gonzalo de Céspedes y Meneses las  cuales encontré de manera más legible en la obra del catedrático de la universidad de Las Palmas de Gran Canarias, Maximiano Trapero: Origen y triunfo de la décima. Y, con todas ellas, he desarrollado este contrapunto. No esperen alta poesía, es sólo un juego, simple y llana “rimadera” lúdica sin ton ni son, pero a la que le agregué una pequeña dificultad: empezar las mías con el último verso de la décima de Espinel (adecuándolo un poco según el caso) y terminarlas  con el primer verso suyo de la siguiente décima. Las décimas de Espinel aparecen  en color azul, están escritas en castellano antiguo. La mías  aparecen en naranja.



Espero que sea de vuestro agrado.


CONTRAPUNTO LÚDICO CON VICENTE ESPINEL




Si puede haber males justos,
éstos, Gonzalo, son tales,
pues de tus trágicos males
sacas generales gustos.
Sepan los pechos robustos,
si en desdichas te embarazas,
que con celestiales trazas,
entre agravios y querellas,
las desdichas atropellas
y las virtudes abrazas.

Y las virtudes abrazo,
Vicente, porque no hay mal
que pueda con su puñal
dejar en mi piel su trazo.
Yo a los males los disfrazo
con túnicas de heroísmo
y les doy con mi cinismo
donde laceran y duelen.
Y así yo logro que vuelen
a los profundos abismos.

En los profundos abismos
de tu desdicha corriente,
¿quién te hizo ser prudente
sino tus trabajos mismos?
Cesaron los parosismos,
haciendo los males cursos;
mas tus trágicos discursos
publicarán tus concetos
en locutorios secretos
y en generales concursos.

A generales concursos
no avocaré mi tragedia,
porque cuando el mal me asedia,
sé vencer, tengo recursos.
Entre todos mis discursos
ninguno peca de alarde,
pues más temprano que tarde
la verdad sale a la luz.
Y aunque use otro capuz,
no hay bien que del mal me guarde.


Hasta aquí las dos dedicadas a Gonzalo de Céspedes, pero, como decimos por mi isla, he seguido la rima y  las he encadenado a las siguientes ocho;  estas que siguen están destinadas a una mujer, pero yo las he contrapunteado como si fueran destinadas a un amigo.


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No hay bien que del mal me guarde,
temeroso y encogido,
de sinrazón ofendido,
y de ofendido cobarde.
Y aunque mi queja, ya es tarde,
y razón me la defiende,
más en mi daño se enciende,
que voy contra quien me agravia,
como el perro que con rabia
a su mismo dueño ofende.

A su mismo dueño ofende
el perro del hortelano,
pero amigo, este cubano,
sabe bien lo que pretende.
Te entiendo, si alguien te ofende,
la rabia no se demora
en mostrarse destructora
y dejarte compungido,
pero estando así dolido,
tu suerte sólo empeora.

Y a esta suerte, que empeora,
se vio tan en las estrellas,
que formó de mí querellas
de quien yo las formo ahora.
Y es tal la falta señora
de este bien, que de pensallo,
confuso y triste me hallo,
que si por vos me preguntan
los que mi daño barruntan,
de pura vergüenza callo.

De pura vergüenza callo
yo también, aunque el rencor
se adueña de mi valor
y me da espuelas de gallo.
Y es ahí cuando ametrallo
sin compasión, inclemente,
al poetastro insolente
que se rió de mi males.
Tengo instintos animales,
suele decirme la gente.

Suele decirme la gente,
que en parte sabe mi mal,
que la causa principal
se me ve escrita en la frente.
Y aunque hago de valiente,
luego mi lengua desliza
por lo que dora y matiza,
que lo que el pecho no gasta
ningún disimulo basta
a cubrillo con ceniza.

Si tú cubres con ceniza,
ay, Vicente, al disimulo,
es como si a un cansado mulo
pintaras de verde tiza.
Cuando a alguien ojeriza
le tienes porque es escombro,
introdúcele un cohombro
cilíndrico en el “soneto.”
Así yo implanto respeto
si me os nombran, o si os nombro.

Si me os nombran, o si os nombro
vivo lleno de cuidado,
de ordinario recatado
con la barba sobre el hombro.
Que de mil cosas me asombro,
porque en mi poca ventura
no está mi suerte segura,
que quizá dicen las lenguas,
que ha sido por propias menguas
lo que fue por desventura.

Lo que fue por desventura,
y te achacan por menguado,
olvida, que no hay pecado
que no tenga sepultura.
Sé fuerte y con tu escritura
jáctate de pendenciero,
de juglar, de maromero,
saltimbanqui, equilibrista…
Como a un singular artista
a vos presentar os quiero.

A vos presentar os quiero
desta verdad por testigo,
que a un declarado enemigo
os tengo por verdadero.
Que aunque desdeñado muero,
ser sin razón desdeñado
no es, por lo que en mí ha faltado
que en todo el discurso nuestro,
tan buen gusto como el vuestro
no pudo ser engañado.

No pudo ser engañado
el discurso que nos une
pues nuestro gusto es inmune
al versito edulcorado.
No importa si en el pasado
enemigo fui a razón;
no me importa esa opinión
son las cosas del querer”…
Y al final tienes que ver
sólo esta satisfacción.

Sola esta satisfación
me queda de tantos daños,
que nunca en tan largos años
os enfadó mi razón.
Mas ya para más pasión
podrá ser que lo neguéis,
que cuando queréis podéis,
pero a tan grande delito
resta vivo un sobrescrito,
que de mi letra traéis.

“Que de mi letra traéis.”
Repito tu último verso,
porque en él me quedé inmerso
sin saber lo que queréis…
Pero en serio, no entendéis
que yo siempre aquí estaré
a tu vera porque sé
que de ti bebí, poeta,
y que si llego a tu meta
esto da fuerza a mi fe.

Esto da fuerza a mi fe
a que su intento prosiga,
y vuesa merced no diga
desta agua no beberé.
Podrá ser que lo que fue
torne a ser como primero,
que en vuestra clemencia espero,
y no he de desesperar,
que no será justo echar
la soga tras el caldero.

La soga tras el caldero
nunca te echaría yo
porque nunca me gustó
ser escriba traicionero.
No soy de ese estercolero
ni de verso envenenado,
yo soy un hombre que ha dado
todo siempre en  humildad,
y que tiene por edad
el pensamiento cansado.

El pensamiento cansado
del importuno dolor
busca el estado mejor
(si en amor hay buen estado).
Que a un pecho tan lastimado
ni la gloria le alimenta,
ni la pena le atormenta,
que elevada la memoria,
ni siente pena, ni gloria,
ni el bien, ni el mal le sustenta.

Ni el bien ni el mal le sustenta,
es verdad, estoy contigo,
porque ambos son como el trigo
con que el dolor se alimenta.
El dolor del bien calienta
el corazón, y es dolor
que sólo provoca amor
y que sólo te ilumina.
Mas el mal quema y fulmina,
y además siembra el rencor.

Vicente Espinel (1591) / Ovidio Moré (2017)



Bibliografía: Diversas Rimas / Vicente Espinel (Madrid 1591)
Puedes encontralo en Google play libros, gratis
Origen y triunfo de la décima / Maximiano Trapero (2016)
Puedes encontralo en KOBO, al precio de 8.85 euros.