domingo, 13 de diciembre de 2009

Naúfrago

Ilustración: OSMOME
El ciclo se va cerrando,
lo presiento, y yo no quiero
escapar de este madero
para seguir naufragando.
El tiempo se va acortando
y este mar se contamina.
Cada día la neblina
del descontento me encierra.
No puedo avistar la tierra,
la costa no se adivina.

Los peces zafios abundan,
los cangrejos atenazan,
las gaviotas cerca pasan,
los albatros la secundan.
Puede que el madero hundan
y dejen que yo me ahogue.
No vale que ahora bogue,
no vale nada que grite,
siempre habrá quien se desquite,
siempre habrá quien te desfogue.

Al mal tiempo buena cara.
decía un naufrago viejo.
Atisba en el catalejo
lo que el día te depara,
y si la balsa escorara
salta hacia el lado que aflora.
Hay pocos metros de eslora
pero una buena pirueta
te hará acercarte a la meta
y vivir hasta la aurora.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Hamlet y el Cisne.



Hamlet y el Cisne divagan
por una noche entrecortada y húmeda.
Sus cabezas están perdidas en el aire
y una tristísima luna gotea su soledad
en el mismo traje de la noche.

Hamlet y el Cisne parecen volutas de humo
que se esfuman de manera salvaje.
Sobre el peso de sus cuerpos
el propio peso de la noche.

Hamtlet y el Cisne divagan,
detrás quedan el mirlo, el alacrán,
la orquídea blanca…los sauces lloran
y tercian sus ramas en las ramas de la noche.

Hay una sombra que los sigue.
La sombra también divaga.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Grita.

El Grito / Eduard Munch

Gritas en silencio
Bajo
Esta nube de astracán corrediza.
Gritas con la fuerza de los ojos
Y las manos y el estómago.
Gritas a sabiendas
Que nadie te escucha,
Pero gritas
Bajo
Esa nube de sílice que se apaga.
No es el grito lo que importa,
Es la necesidad del grito,
La licencia del grito.
Munch te retrató
Bajo
Aquella nube que se deteriora
Que te envuelve,
Te atrapa.
Gritas, sólo gritas.

¡GRITAAAAAA!

lunes, 23 de noviembre de 2009

Factor Calibán.


Calibán espera la luz,
está perdida entre los juncos,
perdida bajo el agua.
Una antorcha de vaho lunar
traza una guillotina visible
cortándole en pedazos,
y su esperanza rueda por el suelo.
Los espíritus comandados por Ariel
se ríen desde las alturas
y se visten, desprejuiciadamente,
con la túnica de una broma macabra.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Embolismo con lluvia.


Llueve. Llovizna persistente, pertinaz, jodedora. Chin, chin, chin…Gris. Neblina sobre la montaña y gris, gris apagado, sucio. El camino es un barrizal barrido por los coches. Chas, chas, chas, hacen los coches, chas. El frío se cuela a través de los barrotes de la ventana. Ventana abierta. Ventana minúscula que me devuelve un paisaje húmedo, chorreante. ¿Qué hay detrás de la ventana, Bolaño? Chas, chas, chas, hacen los coches, chas. Una vida mojada, sí, detrás de la ventana, una vida de agua, eso es lo que hay. Y mi vista que se aleja, hacia allá, hacia el gris apagado, sucio. ¿Qué busco? ¿Un signo? Qué busco en la lejanía, en la lejanía lejana, allá, allá, en el infinito. Allá, allá tú me ves, allá: Dijo Pilar, dijo Martí. ¿Y yo, qué veo? Agua. Veo agua. Veo indiferencia, veo altivez. Los coches hacen chas, chas, indiferencia, chas, chas, altivez, chas, chas... Ah, y prepotencia, chas. Chin, chin, chin...O tin, tin, tin. Tin, tin, la lluvia cayó…Dijo Teresita Fernández. No, cayó no, cae, aún cae, se desprende, moja lo mojado y lo remoja. Llueve sobre mojado, dijo Silvio. Bolaño ¿qué hay detrás de la ventana? Otra ventana, una grande, inmensa, descomunal, abierta, democrática. Gigante, azul, abierto, democrático, en fin, el mar, dijo Guillén. El mar, que también es agua. Todo es agua, dijo Osmome. Del agua nacimos y al agua volveremos, no al polvo. Polvo y agua: barro. Somos barro en el barro y en las manos de Dios ¿existe Dios? El agua existe, la estoy viendo. H2O.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Los pilares de la lluvia.


La lluvia que añoré era una saeta
perfilando mis contornos,
cálida y fría, dulce y amarga.
Empapaba mi cuerpo y lo borraba.
Así de simple, con un gesto líquido,
con un rictus de tristeza.

Lluvia intransigente, en sus paredes
mis pasos perdieron su equilibrio.

Un árbol antiguo llegó para ampararme
en medio de la nada, o quizás era un libro,
de todas formas llevaba hojas
repletas de palabras.

Y allí estaba Eliseo dejándome el tiempo
todo el tiempo, y estaba Fayad convidándome,
si no podía dormir, a levantarme y navegar.
También Virgilio mostrando la Isla en peso,
mientras Lezama moría con Narciso.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Poema inconcluso... / Los Ángeles Castrados



Poema inconcluso para poeta mecánico.

Donde quedó la palabra quedó mi gesto
(hongo vegetal de pequeñas proporciones,
minúscula migaja)
y quedé cristal traslúcido, hormiga errante, polvo.
Quedaron mis pupilas y mis dientes,
el sabor del verso, de su filo y de su savia.
Y quedó mi lengua,
sin la que todo resulta inútil.




Los Ángeles Castrados

Los ángeles castrados
son sólo eso, blancos y limpios ángeles.

Cuando se apaga la cigarra
vienen a dormir bajo la hierba,
y allí quedan desnudos,
sin genitales que mostrar
a virgen alguna.

Luego se levantan
y camino a cualquier parte
esperaran el hechizo.

Nunca equivocan el camino.
No hay puertas a sus sueños,
pero tampoco el frío de la celda.

Vuelan los ángeles castrados.
Quizás alguna nube los tiña de su lluvia
o de su azul más tenue,
y puedan, de una vez por todas,
quitarse el horror
de sobre los hombros.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Espejo


I

Veo en el espejo roto
una imagen que no engaña,
es la de una telaraña
en lago de azogue. Ignoto
en cada pedazo broto
multiplicado y deforme.
Dibujo cubista enorme,
surrealista fotograma,
un puzzle, una amalgama
para mi rostro inconforme.

II

Traspaso el mágico espejo
y en sus regiones de plata
mi alma, brotando innata
de mi quebrado reflejo,
escapa tras el conejo
blanco de Carroll y Alicia.
Mi alma el camino inicia
lista a perder la cabeza
y con la aguda certeza
de que se hará con justicia.

Pero para mi sorpresa
la Reina de Corazones
no entiende de las razones
del amor, de la entereza
del amante y la riqueza
del alma que decapita.
La Reina sólo se excita
al ver el alma truncada.
Regreso desde la nada
con el ánima marchita.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Flor Prohibida.

Ilustración: Osmome


Ella se vacía los bolsillos de la entrega
y los deposita suavemente en un rincón.
Allí se tuestan lombrices de deseos,
alacranes tan maléficos como un beso.
Cierra los párpados y sopla su elixir
de noctámbula y de libélula.
Delgadas nubecillas de amor
se escapan entre las rejas
de este jardín distante y silencioso.
Ella es una flor de ese jardín
también prohibido.
Yo la miro como un jardinero
que padece de amnesia.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Yo, el poeta.

Foto: Silvia Gómez



Experto en todo y en nada,

principio y fin, Alfa y Omega,
turbio trigal que se siega
al filo de la alborada.
Sospechoso sin cuartada
y detective sagaz.
Sombra y bruma, luz de gas,
luthiers de arpa y violines,
delfín entre los delfines,
negro esclavo y capataz.

Lucero, estrella fugaz,
inconcluso y terminado;
vivo y muerto y enterrado;
un comentario falaz.
Un demiurgo, el incapaz
de sentarse en el altar.
Soldado sin batallar
en la guerra de su vida.
Así soy yo, una herida
imposible de curar.

martes, 10 de noviembre de 2009

Décimas a Dulce María Loynaz



Mire usted, Dulce María,
las flores de su Jardín
no marchitan ni son fin
ni reducto ni agonía.
Son más bien melancolía
de exquisita letra docta.
Hay un Ángel que pernocta
en el sobrio caserón
y retoza el muy bribón
sobre la hierba y le corta

el verde, la savia interna,
la raíz, el aguacero.
Es un Ángel marinero
que ha perdido su linterna
en la profunda caverna
de su lírica infinita.
De su Jardín necesita
ir reptando entre las rejas,
del verso ser las guedejas,
ser su abrazo, ser su cita.

Mire usted, Dulce María,
yo soy el Ángel que alego,
yo soy el que el césped sego
cuando llega el mediodía.
Sí, soy yo, Dulce María,
el que se enamora a gritos
de sus voces, de sus ritos,
de su soledad de diosa,
de su sonata piadosa,
de sus pesares fortuitos.

Yo, fugitivo y eterno
río al filo de su boca.
Yo, de la isla: el mar, la gota
entre raíces, infierno
astuto. Soy el invierno
dulce y sátiro en sus rosas,
las que no da por ser cosas
que mueren y no se deben

tocar. Yo, sin que se eleven
estas letras misteriosas.

lunes, 26 de octubre de 2009

Tu Desnudez

Desnuda sobre la hierba / O. Moré (Osvaldo Moreno) / CUBA



Amo tu desnudez
Porque desnuda me bebes por los poros…
Roque Dalton


Tu desnudez
es una piedra lisa,
el filo de un cuchillo.
Sólo al cerrar los ojos
tu desnudez
queda vestida por tus pestañas.
Tu desnudez
es un líquido latente,
con él, la alquimia de tu cuerpo
se hace más ambigua
y los pequeños seres que te rodean
esperan silenciosos,
hasta el último minuto,
la ocasión perfecta
en que han de devorar
tu desnudez.

sábado, 24 de octubre de 2009

Casa de sal y de abismos.

Ilustración: OSMOME.


Casa de sal sobre el agua,
encaje disperso que hiere
el azul y le confiere
faz de vívida tatagua.
Casa leve que se fragua
sobre el oleaje que ha muerto.
Barca y velamen abierto.
Casa de los peces mudos,
de fuertes y verdes nudos.
Archipiélago desierto.

Casa de abismos hirientes,
melodías apagadas,
habitada por las hadas
de la ausencia y penitentes
duendes. Flores disidentes
en las sombras de la noche.
Casa del mustio reproche
y la habitación dormida
entre sillones sin vida.
Rocín tirando del coche.

viernes, 23 de octubre de 2009

El esclavo camina.

Ilustración: OSMOME.

Hoy el esclavo camina. Unos seis kilómetros aproximadamente camina. Llega a la pirámide derrotado, horriblemente cansado. La mañana es fría y lluviosa. No hay tiempo para un café. Su cara denota la falta de sueño y el cansancio.
El esclavo cada mañana se despierta, y se levanta, a las cinco y treinta de la madrugada para llegar a tiempo a la Pirámide. Pero hoy ha tenido que salir con mucha prisa. Su mujer, que repara corazones en un importante hospital, estaba de guardia, y la han llamado en el momento justo en que se vestían. A todo correr han salido de casa, han llamado a la vecina para que se hiciera cargo de los niños, y han partido raudos en su carro. Ella le ha dejado a las afueras del pueblo, justo en el extremo opuesto a donde está la Pirámide, y ha seguido rumbo al hospital. Luego él se ha limitado a andar, andar y andar. Hasta que ha llegado arrastrando los pies. Rayando la hora de entrada.

El día ha sido duro. Ha llovido mucho y con fuerza. Las calles se han inundado. Conducir era todo un acto de fe. Pero hubo un rayo de luz. El esclavo pudo, después de mucho, pero muchísimo tiempo, comer con su mujer que vino a traerle el carro para que regresara a casa.

martes, 20 de octubre de 2009

El esclavo espera.


Se ha hecho de noche en la pirámide. El esclavo otea la noche, y en lo que espera a un esclavo sustituto, lee a Raymond Carver. ¡Cuánta grandeza en el minimalismo de la escritura! El esclavo disfruta de esa minuciosa descripción de gestos aparentemente insignificantes, pero qu dibujan claramente los rasgos de la psicología del personaje.
La espera se hace larga. Incertidumbre. El esclavo deja a Carver y se limitar a estar, a esperar.
La vida del esclavo siempre se ha limitado a esperar. Cada día, cada hora y minuto, cada segundo. Siempre esperando.
Una vez, hace ya tiempo, el esclavo vivió en Nubia, y allí esperaba ser libre. Nunca lo fue. Entonces se vino a la Pirámide y, aún, sigue esperando. El esclavo recuerda las palabras de Reynaldo Arenas.

«La diferencia estriba en que el comunismo te da una patada en el culo y tienes que aplaudir. El capitalismo, en cambio, te da la patada igual, pero al menos te permite gritar».

Las mañanas del esclavo son bastante estresantes. A veces no da abasto. Y entre tanto estrés, el esclavo, también tiene que sufrir la altanería y prepotencia de algunos dioses menores, y hasta de esclavos con ínfulas de dioses (estos últimos, normalmente, son los peores). Pero el esclavo aguanta. Porque otra virtud del esclavo, además de la espera, es el aguante.
La vida del esclavo en la Pirámide es bastante triste, aunque hay muchas, muchísimas personas que le aprecian y le hacen la estancia más llevadera.
La fuerza del esclavo, la que le mantiene vivo, está en la familia que ha creado (o como bien él la ha llamado en un poema, su épico milagro) y en la literatura: Los libros que lee y la poesía que escribe.

Milagro

Parto adusto los panes con mis manos,
el pan duro que vino sin los peces,
en la mesa de tantas escaseces
de mi madre, mi padre y mis hermanos.

A lo lejos mis miedos son humanos,
escapo de ese mar y sus dobleces,
y vuelvo a carenar, otras mil veces,
sin contar los intentos que son vanos.

Y al regreso a mi casa con mis hijos
(mi parábola, mi épico milagro)
yo procuro entender los acertijos,

pero sólo al añoro me consagro
degustando los muchos regocijos
que han marcado mi sucia piel de onagro.




A casa vuelve el esclavo cada noche, con la satisfacción del deber cumplido, pero sin que esto suene a consigna revolucionaria de la Nubia que dejó atrás. Y es que al esclavo le gusta hacer bien su trabajo (un trabajo que detesta pero, paradójicamente, que desempeña con toda la seriedad y el brío necesario). Nunca ha habido quejas con respecto al esclavo, siempre elogios. Por eso el esclavo sabe que despierta un poco de envidia en algunos y algunas. Pero el esclavo nunca actúa de mala fe aunque los otros piensen que sí. El esclavo sólo quiere trabajar, y trabajar bien.

El esclavo sólo quiere seguir esperando.

Esclavo gerundiano.

El esclavo está esperando.
Siempre espera. Cada día
va pintando la apatía
con sus óleos, coloreando.
El tiempo se va esfumando
y no llega lo que espera.
Él sabe que la quimera
tiene de fiera y de ave.
El esclavo bien lo sabe:
la vida es muy traicionera.

lunes, 19 de octubre de 2009

El esclavo Barre.


Ilustración: OSMOME.

Fría mañana. Ha llegado el otoño con su pijama de hojas secas. Hojas secas de platanero para ser barridas por el esclavo abisinio. El esclavo, mientras, escribe y escucha a Sabina: Pájaros de Portugal. Luego barrerá las hojas.
Las personan llegan.
Hola, dicen. Buenos días, dicen. Él, el esclavo, responde con un movimiento de cabeza, como afirmando, y con un ligero e imperceptible murmullo. A través del cristal apenas se oye algo, pero él lee los labios de los que le saludan. Otros pasan, simplemente, pasan. Mudez.

Hojas pardas en la entrada,
y el esclavo que las barre
suelta el lastre y el amarre
que le ata a la estacada.
Levita sobre la nada
mientras barre sus miserias.
Observa las caras serias
de esclavistas y soldados
sobre cuerpos seccionados
arrastrando sus histerias.

También el sol enmudece,
no grita ni tiene brillo;
a borrado su amarillo,
pareciera que atardece.
El esclavo que padece
de sombra y de vendaval
sigue barriendo el portal
sin inmutarse, sin prisa.
La mente canta sumisa:
Pájaros de Portugal.

domingo, 18 de octubre de 2009

Moisés y el Cisne.

La agonía del cisne / O. Moré (Osvaldo Moreno) / CUBA


Sinaí está cubierta de arenas movedizas.
Moisés está ahogándose entre granos y granos de arena.
Las tablas parecen borrarse débilmente.
Moisés es un grito en medio del desierto.
Sólo una noche estrellada podrá salvarlo.
Moisés espera la noche.
En las delgadas arrugas del cielo
la constelación del Cisne es un puñal.
Moisés es un escualo desprovisto de colmillos,
no obstante, muerde la cola del Cisne.
El Cisne se eleva a la constelación del Centauro
y Moisés, de un certero salto, escapa galopando.

Corazones de Hojarasca.


Corazones de hojarasca.

Sobre el asfalto de helada paciencia,
de gris impreciso e inmemorial,
los corazones atrapados,
hechos de hojarasca,
perdieron el miedo.

Como vehículos en tránsito
hacia una estación disipada en la memoria
se dejaron llevar a otras latitudes.
Conocieron la velocidad y el atasco,
la imprudencia, la posibilidad
de un horizonte lejano.
Y vagaron en la bruma de un sueño
donde la distancia era una flecha
en sus cuerpos, en la trémula carne
que llevaba raíces desde el tronco
a las hojas más dispersas.

La misma distancia que los separaba de la isla
los iba haciendo más cercanos a ella,
más isleños que la novia de verde cabellera
y estilizado y largo cuerpo.

Los corazones atrapados,
despojados del sol de su tierra,
de la luz de sus ventanas,
del café de ahogar la pena cotidiana,
de la Ceiba ahuecada por un güije,
se trasplantan en tímidas macetas
y quieren resurgir con nuevos bríos.
En sus ramas antes truncas,
florecer, fructificar, volver a echar raíces…
Pero el asfalto sobre el que perdieron el miedo
se hace largo, tortuoso, imprevisible,
y ellos sólo son corazones atrapados,
corazones de hojarasca volubles a los vientos,
a los otoños, a las brisas invernales
que les mueven, les columpian, les enredan.

O. Moré

sábado, 17 de octubre de 2009

La pirámide y yo.

Ilustración: OSMOME.

Debajo de la pirámide de cristal está el círculo. Yo estoy dentro del círculo. Yo observo y, pocas veces, soy observado. No obstante, eso no quita para que, cuando se sacude la pirámide, los trozos de cristal que caen desde arriba me hieran.
Dentro del círculo permanezco en ciclos de casi doce horas. Allí trabajo, dicen. Yo sé que hago algo más, existo, a pesar de los pesares. Vivo y muero. Luego renazco en mi cama y vuelvo a empezar, pero a mitad del día ya estoy muerto de nuevo, seco, marchito…


De las cenizas renazco
como el Fénix, pero luego
me consumo en rojo fuego
y vuelvo al mundo con asco.
Sigo encerrado en el frasco
circular donde yo observo
las heridas. Soy un siervo
atrapado y sin futuro.
Sigo a la sombra del muro
y no germina mi verbo.