martes, 25 de julio de 2017

domingo, 28 de mayo de 2017

Disparates




No es lo mismo el disparate de la razón que la razón del disparate. Aunque sean las dos cosas igualmente disparatadas. No es lo mismo la razón que disparata que el disparate que razona. No son lo mismo las razones de disparatar (las de Cervantes, Santa Teresa, Lope) que los disparates razonados, como aquéllos que hicieron a Juan de la Encina chistoso personaje seudo-mitológico en el sueño infernal de Quevedo.
José Bergamín




Sueño de la muerte (fragmento)


-Soy yo -dijo- el malaventurado Juan de la Encina, el que habiendo muchos años que estoy aquí, toda la vida andáis, en haciéndose un disparate o en diciéndole vosotros, diciendo: «No hiciera más Juan de la Encina», «Daca los disparates de Juan de la Encina». Habéis de saber que para hacer y decir disparates todos los hombres sois Juan de la Encina, y que este apellido de Encina es muy largo en cuanto a disparates.(...)

Francisco de Quevedo


No después de mucho rato
vi venir un urinal
puesto de pontifical,
como tres en un zapato;
 tras él vi venir un gato
cargado de verdolagas,
y parce mihi sin bragas,
caballero en un gran pato
por hacer más aparato.
.


Juan de la Encina

                    El disparate completo aquí

Ah, qué delicia los disparates, cuánto disfruto con ellos. La vida es disparatada, hay que mofarse de la vida, y hasta de la muerte. Yo quiero ser un disparate; yo soy, sin lugar a duda, un disparate de la naturaleza, y, como tal, disparateo.  Para Juan de la Encina o de Encina, lo mismo da que da lo mismo, y para Quevedo.  Ahí va eso:




Disparate 1

De un salto mi corazón
se me salió por la boca
gritando: ¡ Ahora me toca
librarme de tu prisión!
E igualito que un león
rugió y me enseñó sus fauces,
y vi correr por los cauces
de uno y otro ventrículo
un riachuelo ridículo
de la savia de los sauces…

(sí, de los sauces llorones,
de los que en mi patio hay
y que en su guiri garay
se matan a pescozones).
Y tal, sin otras razones…
(que me he ido por las ramas)
mi corazón cien proclamas
me lanzó a boca de jarro
y luego cual raudo carro
se las piró envuelto en llamas.

Ahora soy un monigote
de trapo, una marioneta,
un poeta no poeta,
un malogrado estrambote.
Para colmo en el cogote
me ha salido una erupción
que me da una picazón
de mil demonios y que es
que al hongo de mis dos pies
les ha dado el subidón.

Ya no tengo sentimientos,
mi cuerpo es todo apatía,
sólo como catibía,
y nunca tengo contento.
Soy como el malo del cuento,
soy un zombi putrefacto,
que debe firmar un pacto
con el barquero Caronte
y viajar de polizonte
llegado su último acto.

¿Mas es esto un disparate…?
Claro que lo es también,
porque  a quién, díganme, a quién
no le han dado jaque mate.
Cualquiera, en igual dislate,
ya perdida la razón
por ver a su corazón
huir de sí, habrá escrito
un vademécum maldito
sin talento y sin pulsión.

Disparate 2


Yo vi un grillo relojero
remendando calzoncillos
con las patas de otros grillos
sentado en un hormiguero.
Y vi un perro perdiguero
ponerse una falda larga
y levantar una carga
de boñigas de becerra
mientras ladraba a una perra
y comía escoba amarga.

Y después de esta visión
yo me fumé tres tabacos
y me hice en los sobacos
trenzas de tirabuzón.
Me libré del pantalón,
dejé al aire mi indecencia,
pero al mirar con paciencia
donde campeaba mi hombría
el bulto no se veía,
carecía de existencia.

Me transmuté en elefante
para gloria de mi trompa
y logré hacer una pompa
de jabón en el instante.
Y luego cual ignorante
fui mostrando mi badajo
y en la Casa del Carajo
un mosquito se enfadó
y la trompa me cortó
con furia de un solo tajo.

Cogí al vuelo dos conejos,
me los puse de chancletas
en mis dos paticas prietas
llenas de sangre y pellejos.
Y vi que los entrecejos
de todos los animales
se arrugaban y eran tales
las arrugas en sus caras
que tenían formas raras
como las heces fecales.

Me dio el alto una gallina
que iba montada en zancos
y entonando bellos cantos
como una sirena albina.
Me dijo que tras la esquina
había un pastor alemán
bebiéndose un pacharán
y multando a todo el mundo,
que se llamaba Facundo
y estaba hecho de pan.

Yo creía que soñaba
y entonces me pellizqué
y aunque mucho lo intenté
del sueño no despertaba.
Fue ahí cuando una guayaba
saltó rauda de su mata
y me puso una corbata
con hojas de tamarindo
y dijo: Así estás más lindo
aunque estás oliendo a rata.

Me puse a rebobinar
y fue que caí en la cuenta
que ya llevaba cincuenta
tragos de ron  sin parar.
Y que antes de yo empezar
a beber como un cosaco
haciendo honores a Baco,
leía a Juan de la Encina
en una sucia cantina
llamada El hombre del saco.

Me fui de allí en un camello
que dibujé con un boli
y que me quitó la poli
por no haberle puesto el sello.
Entonces en un destello
de erudición quevediana
le grité rabioso al fiana*:
Si yo me muero por vivo
seguro que no soy  chivo
porque ayer será mañana.

Y Carmelo, el policía,
que era el burro de Bailén,
me dijo: Tú estás a cien,
necesitas agua fría.
Llamo a mi suegra Lucía
para que venga al rescate
y que urgente a ti te trate
ese empacho de mollera
porque toda esta sonsera
no es mas que un gran disparate.

O. Moré
2017

*Fiana: Policía en el argot popular de Cuba.

miércoles, 26 de abril de 2017

Los Ulises que me habitaron y habitan

Ulises y las sirenas / Léon Belly (1827-1877) Francia



Los Ulises que me habitaron y habitan


Prólogo

En esas mañanas grises

que hacen me duela tu ausencia,

me aboco a mi penitencia

cual un fantasma de Ulises.

Vagando en otros países

mi mente se obceca  y muda

su piel de serpiente ruda

y se torna vulnerable

hasta sentirme culpable

de esta diáspora tan cruda.





(Pasado)





Primer  Ulises



Me fui a la guerra de Troya

en una nave de plata

 con égida de hojalata

en una inusual tramoya.

La guerra, que te desolla

como a un grosero animal,

dejó un halo fantasmal

en mi cuerpo medio humano,

y como insecto kafkiano

me vi en su propio cristal.





Segundo Ulises



Al canto de la sirena

simulé ser ciego y sordo

y seguí  amarrado a bordo

 cínico como una hiena.

No es ella lo que me  aliena,

_Me dije_ ni su cantar,

es éste insomne vagar

por aguas insustanciales

como peces abisales

sin luces con que alumbrar.



Tercer Ulises



Frente al cíclope (hombre tuerto),

yo desenvainé la espada

porque vivir en la nada

es lo mismo que estar muerto.

Desde ese día despierto

con el corazón yodado,

pero el  yodo que ha tintado

mi estirpe de siboney

es áureo metal de ley

que en joya me ha transformado.



Cuarto Ulises



Aunque Circe me quería

engatusar con sus mañas,

al fondo de mis entrañas

Ítaca siempre latía.

Por eso llegado el día

de regresar a su seno

vomité todo el veneno

que la maga inoculó

en mi cuerpo y mi otro yo

afloró limpio y sereno.



Quinto Ulises



Calipso estaba en la gruta

y me entregué a su apetito

y al cometer tal delito

se desdibujó mi ruta.

Calipso, la hija de puta,

quería mi desmemoria,

pero el alma migratoria

que habitaba en mi interior

me salvó del estertor

que anularía mi historia.





(Presente)





Sexto Ulises



Penélope teje el mar

de azul índigo, preciso;

lo teje calmo y sumiso,

propicio a mi navegar.

De noche logro soñar

que la avisto en la distancia

y se transmuta en sustancia

vital nutriendo el anhelo

de que yo regrese al suelo

de mi ya lejana infancia.



Séptimo Ulises



Telémaco crece y crece,

en sus ojos me reflejo

y veo un marino viejo

que poco a poco fenece.

No obstante todo parece

cobrar vida por doquier

cuando mi hijo y mi mujer

me acogen entre sus brazos

y olvido los mil sablazos

que me propinó el ayer.





Octavo Ulises



Ahora apenas soy espuma

pero espuma que acredita

porque soy como una espita

vertiendo tinta en la pluma.

Ahora soy una yagruma

sembrada en tierra extranjera,

ahora soy una quimera

que viajó desde el pasado

como un héroe caducado

que sólo vive y espera.





Epílogo



Al final he comprendido

que no importa por cual mar

navegues, ni que avatar

deje a tu cuerpo rendido.

Los Ulises que yo he sido

en verdad son uno solo:

un títere que controlo

con hilos que el tiempo corta.

Qué Ulises sea no importa,

importa el por qué me inmolo.









O. Moré

2017