martes, 26 de diciembre de 2017

Y llegó la revista impresa...¡Un estupendo regalo de Navidad!


No hay mejor regalo navideño que poder disfrutar de la compañía de tus seres queridos, pero si a eso le sumas que tu trabajo se vea recompensado, mucho mejor, las navidades se vuelven redondas. Ya tengo la versión impresa de  la revista Artepoli donde aparece mi artículo La fabulación Pintada.... Gracias Ana Novella, gracias Ángel Alonso, gracias Pierre Rivero y gracias al equipo editorial de la revista. Es un inmenso honor (y no es el típico cliché) formar parte de este número. Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo a todos.

 





O. Moré
Diciembre / 2017

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Rapsodia con aristas plásticas

The Blinding of Polyphemus, by Pellegrino Tibaldi

Todo acto es un disparo de revólver cerebral -el gesto insignificante o el movimiento decisivo son ataques (abro el abanico de nockouts para la destilación del aire que nos separa)- y con las palabras depositadas en el papel entro, solemnemente hacia mí mismo. 

Tristan Tzara.



¿Ahora, que la noche acaba
con su cíclico delito de puta de salón
y contonea su negra fragilidad
sobre la ciudad dormida…,
acaso, ahora, he de cortarme la mano
como el soldado de Kirchner,
uniformado soldado de Ernst Ludwig Kirchner,
y ser otro manco de Lepanto,
extrapolar mi verbo,
desentrañar sus vísceras
y ser un antropófago vulgar,
un caníbal de mí mismo…?

Creo que te equivocas,
sólo he de esperar el rayo,
y mezclarme en las circunvalaciones de Delaunay,
y ser el aeroplano
mitad máquina, mitad ángel,
que se eleva al infinito
tras esa eclosión de colores
y como Blériot, nunca Ícaro,
saltar, haciendo realidad mi antiguo verso,
de la nube al cielo.

Quizás no sepas que fui,
hace mucho tiempo,
una figura egipcia,
ridículamente pintada,
a la espera del escorzo,
pero que, por esos misterios
de la vida,
pude escapar del muro
y cincelarme los músculos de David,
ser hombre de Vitrubio,
y, en otro sueño,
entre una máquina de coser y algún paraguas,
en un aséptico quirófano,
llegar a ser un cálido “cadáver exquisito.”
Porque sí, sólo el que vive lo irreal,
en la irrealidad de un espejo de agua
que te apresa,
es irreal en sí mismo; sólo un isleño de Nubia
es tan surrealista como un tigre de Dalí,
como un pájaro bicéfalo de  Max Ernst…
Y ese soy yo,
aunque, la verdad,  no sólo de Lautreámont vive el hombre
(o debería decir del sueño, que rima con isleño).

También, con una túnica Dadá,
negando la mímesis ha vivido, he vivido,
burlando la acuífera circunstancia,
el isleño y yo, que fuimos uno
en el pasado,
que fuimos y somos y soy, el hijo, así, en singular,
de la jungla lamiana*,
y hemos saltado, salté, y salido, salí, del paréntesis,
y pude, pudimos, mostrar
el colorido del gallo de Mariano
sacando las espuelas.
Y quizás por ello seamos,
o soy, un animal disparatado,
como el gamo azul que clama su dolor
hacia  las alturas, al filo de la destrucción,
saeteado como un San Sebastián
por los planos superpuestos
y sesgados, entre el rojo sangre
y el azul cadmio
en El destino de los animales, de Franz Marc.

Pero no por ello, óyelo bien,
he de coartar el trazo, el ojo,
el pecho, la rima,  el albedrío libre
de esta mente que junta
despojos con joyas y lienzos con palabras…

Me lo dijo Breton,
me lo dijo Duchamp,
me lo dijo Huidobro,
me lo dijo Isadora, 
me lo dijo Debussy,
me lo dijo Aristóteles,
me lo dijo Lezama,
me lo dijo Silvio,
me lo dijo Pablo,
me lo dijo Mama Inés,
me lo dijo Virgilio,
me lo dijo Lope,
me lo dijo Ovidio
me lo dijo Ma’Teodora,
me lo dijo Gide,
me lo dijo Benny,
me lo dijo Adela,
que creara, y creo.

Creo desde el instinto,
desde el arrebato y el desgarro,
desde la sangre,
más con el corazón que con el cerebro.
Al final de cuentas, la verdad absoluta no existe,
todos los ismos se negaron los unos a los otros,
cada uno asesinó a su antecesor
en pro de la vanguardia…y del ego.
Y qué lograron. Nada. El mundo sigue a la deriva,
el hombre sin fe busca la fe
y la fe busca a dioses que nunca
están cuando se les necesita.

Entonces, ahora, acaso ahora,
que noctívago presumo de la letra,
que nazco en cada sustantivo,
que me rompo la crisma entre los libros,
que dibujo a tinta cada uno
de los pedazos rotos del espejo
y articulo de nuevo la figura,
la mía, mi reflejo de ente resurrecto,
yo, cronopio imberbe de Cortázar,
yo, degradado en rojo por Marc Rotkho,
yo, carne de diáspora absoluta,
yo, pez fusiforme y abisal,
yo, retratado por Magritte,
yo, primero padre que poeta,
yo, primero hijo que poeta,
yo, primero esposo que poeta,
yo, primero amigo que poeta,
yo, primero hombre que poeta,
pero no macho, varón,
que también,
sino hombre  según Nietzsche:
humano demasiado humano
¿he de morir en blanco y negro,
he de ser gris por tus santos cojones,
he de ser río y nunca ser la mar,
he de ser mulo y nunca ser corcel,
he de ser manso y nunca ser la fiera…?
Ah, no, te equivocas, te lo repito,
todo eso lo soy, cada uno de los antónimos,
simplemente, siendo persona…
Sí,
con ser persona me conformo,
con escribir mi mierda me conformo,
con dibujarme a tinta me conformo,
y si la puta noche me cobija para siempre
y me seduce con su grupa
de insomne negra
y me hace oscuro en el azul
y se ríe de mi verbo
y mi acuarela
y se viene sobre mí
desnuda y muerta
y se apaga sobre mí como un tizón
y me muestra sin piedad
que la Piedad sólo vive en el mármol de Carrara
y me mata y me incinera y me sepulta,
pues
mejor para ti y tu túnica impoluta,
mejor para ti y tus fastos y laureles,
mejor para ti…
porque  a mí, cíclope que me observas
desde la altura milenaria de tu estirpe,
desde la cariátide y la jónica columna,
desde el flamígero cielo de otro Prometeo,
a mí,  me importa un rábano.

Y si mediocre me hace y hago a Plauto
y si Tristán y Margarita se esfumaran
y si la décima dejara de cubrirme
y si la piel y el craquelado se fundieran
y si el lagarto fuera mi unicornio
y las mareas mis sístoles y diástoles
y el patakín dejara de erigirme
y en el teatro mi máscara perdiera
y si la lluvia dejara de mojarme
y la pulsión se fuera por mi orina
y la ventana cerrara sus vitrales
y la ínsula fuera un desarraigo
y la abeja se olvidara de mi rojo
y los cocuyos del valle que pinté
apagaran sus faros de repente
y la urgencia se fuera de mis manos
y la gaviota de Chejov se muriera
en mi blanco papel de buen soldado
y las viejas el hilo me cortaran
y cual Kratos cubierto de ceniza
por los muertos muertos por mis muertos
se ahogaran en el grito que pedí,
me importa igualmente
un comino.
me importa igualmente
un pepino,
Me importa una mierda
toda la horti-cultura…
(fíjate que no he puesto ni una coma)
porque, paradójicamente
sólo creo en E. H. Gombrich
y la ciclogénesis
del viento que vino de Altamira
y se posó, discreta como un ave,
en un difuminado de Sandorfi.
Sólo creo en Enheduanna
y en sus cantos, en su disco de piedra,
en la mágicas galas de Ur
vistiendo a Safo y a Carilda;
Sólo creo en Netzahualcóyotl
susurrándole al aire:
Como una pintura nos iremos borrando,
como una flor
hemos de secarnos
sobre la tierra,
cual ropaje de plumas
del quetzal, del zacuán,
del azulejo, iremos pereciendo
.
Y creo en ese aire inoculando las venas
de Darío, de Neruda y de Martí…
Sólo creo (de creer) en el libro que yo mismo
he de escribirme cuando
en agua me conviertan los recuerdos
y escape por otro sumidero
y alimente la tierra de mi isla.
Sólo creo (de crear) en ese mismo libro
y la pulsión, en el arrebato, en el instinto
y el relámpago.

Y no me hables de Dios
ni de eternidades; vivo el ahora.
Y si Dios, tal como dices, habita en mi interior,
entonces él soy yo,
y yo soy el isleño,
por lo tanto el isleño es Dios.
¿Premisa o falacia?
¿Conclusión lógica?
¿Aporía?
¿Silogismo cogido por los pelos?
Ya me dirás tú, amigo Polifemo.
Mira,
para eternidades e inmortalidades:
los genios; para religiosidades:
los acólitos y  hasta los beatos.
A mí con la finitud me basta…
Yo creo en lo ocasos y en lo albures,
en los soles que se apagan,
ya lo dije en otro poema,
de un sólo gesto.
Para Dios o Diosa, también lo dije,
en otro poema: La Poesía.
Para Deidades: mis manos.

Y sabes qué he descubierto:
que cuando no había leído a Kant
ya pensaba como Kant;
que cuando leí, hace mucho,
La Poética de Aristóteles,
ya creía en Aristóteles;
que Arthur Danton tenía razón,
que Tzvetan Todorov tenía razón,
que Tristan Tzara tenía razón,
que Isidore Ducasse tenía razón,
que Lezama Lima tenía razón,
que Severo Sarduy tenía razón,
que Borges tenía Razón,
que Vallejo tenía razón
que Ray Bradbury tenía razón,
que Sabina, el canalla de Sabina,
tenía razón,
pero no por ello la razón era pura,
no por ello la razón era lógica,
no por ello la razón era verdadera,
ni la verdadera razón
era la única razón…
Por lo tanto, ¿quién te ha dicho
que tú tienes la razón?
¿Quién, para que me digas que ahora…?

No, primero he de cantar a tono con Chanito,
cazar algún color de Amelia…,
quizás el amarillo, y embadurnar
todo lo que me plazca y se me antoje,
bajar intuitivo por el verbo,
acuchillar un poema hasta la muerte,
vampirizarme con su sangre dulce,
vestirme alguna vez los lentes de Quevedo,
seguir los disparates de Bergamín;
cromático y erótico
dibujarme esdrújulo y sólido
de un brochazo único,
sin un solo claroscuro trágico,
sin relieve en la carne erógena,
fálico,como el dios Príapo
(Diluvio Nyakuni),
en un desnudo americano de Tom Wesselmann,
aunque yo sea más corto que febrero,
y comprobar que si pinto: amo;
que si amo: pinto; que si pinto y amo:
escribo; que si escribo: pinto y amo;
que si pinto: muero; que si muero: me vengo;
que si me vengo: me voy;
que si me voy: escribo, pinto y amo y follo,
porque todo es lo mismo:
un gran orgasmo físico y cerebral.
Y  ahí está, cíclope que me observas,
el placer, mi verdadero placer,
ahí reside mi punto G.
Ahí y sólo ahí: en una mujer rosada,
en mi pluma y en mi pincel.

Y cuando todo acabe, ya te lo dije,
cuando venga esa otra noche, la metafórica,
no ésta que me nombras,
seré un ente raro entre los peces
del viejo Pieter Brueghel,
saliendo del vientre de otro pez mayor
en busca de mis peces voladores;
o quizás Goya, en apoteosis,
me deje toda su negrura
y pueda fornicar, en aquelarre, con su Maja,
y, si Cervantes lo permite,
con Dulcinea del Toboso,
porque ya habré vencido a todos los molinos
y a todos los gigantes;
habré, habremos, el isleño y yo,
Odiseos de Ítaca aborigen,
clavado nuestra paja en el ojo ajeno,
en tu ojo, cíclope de ayer,
y tu mirada cegada por la furia
será líquida llovizna
que moja pero no empapa,
que humedece pero no cala,
que molesta pero no jode.

Y el isleño y yo, libres al fin de tus cadenas,
volveremos, volveré, a la catedral de Portocarrero,
a las trasparencias de Carlos Enríquez,
a sus sinuosas palmas,
en una taza o un caldero de Fabelo,
porque no hay más rítmica
ni más bella asonancia
que cuando consuenan los pinceles
con sus nombres,
en un inigualable delirio tropical.

Y ahora ya termino, no sufras;
ahora ya me acabo y acabo, no te alteres;
ahora te lo digo,
calla y oye:
en el arte de la vida
sólo el arte es la vida,
y yo, mediocre o no,
iluso o no,
ignaro o no,
escéptico o no,
confiado o no,
nací para vivirla,
nací para contarla,
como Gabriel, arcángel mío de Macondo,
y donde dije digo, digo Diego:
Diego Velázquez,
hilando el tapiz de Aracne
en esa rueca que corre y nunca se detiene:
el tiempo. Y donde dije Diego
vuelvo a decir Diego: Eliseo Diego,
déjame el tiempo todo el tiempo
que yo te dejo este poema,
porque él lo dijo, lo dijo Diego
y yo lo repito:
Un poema no es más
que una conversación en la penumbra
del horno viejo, cuando ya
todos se han ido, y cruje
afuera el hondo bosque.

Él dijo, yo he dicho,
nosotros lo dijimos:
el isleño y yo. Y,
Para que así conste,
lo firmamos, lo firmo:




El isleño aborigen y O. Moré

Diciembre / 2017

*Lamiana, de Wilfredo Lam


martes, 19 de diciembre de 2017

Nuevo número de la Revista ARTEPOLI, yo en las páginas 20 y 21.


Publish at Calameo






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La fabulación Pintada.


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O. Moré
2017

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Dualidades intemporales, un viaje más allá del espejo. Una breve visión de la obra de Lita Cabellut a propósito de su exposición “Restrospective”.


Lita ante dos de sus cuadros de la serie Dried tear / 2013-2014 /
Impressions of Asia 1 y 2
Lita Cabellut / España.














En La piel y la Máscara, novela del cubano Jesús Días, los personajes, actores de una película en filmación del mismo título, se van desnudando el alma ante el lector cuando llevan la máscara, o sea, cuando están actuando para la película y son a su vez personajes de esta; y cuando son sólo piel, o, lo que es igual, cuando son ellos mismos, en carne y hueso, en la vida real de la novela, fuera del film;  pero, al mismo tiempo, cuando se supone que están mostrándonos  la desnudez de esa piel (léase alma, léase mundo interior) recurren a otras máscaras, esas que les ayudan a mimetizarse,  según sus conveniencias, ante la sociedad.  Las máscaras juegan un importante papel en el desarrollo de la novela metafóricamente hablando, ya no sólo por lo que explicaba, sino porque son, además,  todo un símbolo del trabajo actoral, con ellas se representa  el teatro (tragedia y comedia). Como bien dice un famoso bolero: La vida es puro teatro, y, generalmente, nunca nos mostramos tal y como somos, siempre actuamos con la máscara de turno ante el auditorio y el escenario en el que nos toque representar nuestro drama, nuestra fantasía, nuestra comedia, nuestra tragedia. Somos piel y máscara, somos duales por antonomasia, porque es una forma de defensa, de supervivencia ante la vida y la sociedad. Tenemos nuestra parte buena y nuestra parte malsana. Cuando nos enfrentamos al espejo de la bruja de Blancanieves, aquel que sólo dice la verdad,  no queremos ver lo que refleja, aunque sólo nos muestre la epidermis. Y eso que no se enseña, eso que está bajo las máscaras, Lita Cabellut (Sariñena, Huesca, 1961) lo muestra en su obra, y, especialmente, en sus retratos; ella se convierte en ese espejo psicológico (espejo de gran formato), lo traspasa  y saca del otro lado de la argenta, del otro lado del azogue, el verdadero yo del personaje retratado. Al igual que hace Jesús Díaz en su novela, Lita perfila, a plenitud, la piel y la máscara, y lo hace a golpe de dualidades: con sus luces y sus sombras, con su belleza y su fealdad; pone en la escena del teatro de la vida a sus personajes y los viste y desviste a su antojo para descubrirnos lo bello y lo grotesco del ser humano, lo singular y lo plural. Lita muestra la epidermis y lo que está debajo de la epidermis. De todos es sabida la importancia que le da al tratamiento de la piel en su pintura, la metáfora que la piel representa para ella, porque es en la piel donde queda grabado el tiempo y donde este muestra su erosión y sus cicatrices. Para hacer realidad esta metáfora, Lita, ha desarrollado, a lo largo de muchos años, una técnica especial, un tratamiento propio de la pintura al fresco con el que craquela el lienzo dándole una textura única profusa  en poros y grietas. Y he aquí que nos encontramos ante otra dualidad, la epidermis del propio lienzo en simbiosis con la epidermis del sujeto retratado.
Secret behind the veil / 2012
de la serie Memories wrapped in gold paper
yo, admirando este monumental lienzo.

Los personajes, en los cuadros de Lita, a veces, nos observan  desafiantes  a la vez que les observamos,  y sus ojos nos hablan de tristeza, de desamparo, de miedo, de éxtasis, de poder, de belleza, de fragilidad, etc. En los ojos y el rostro está (como bien dice el refrán) el espejo del alma de esa persona que nos está mirando desde el cuadro y que establece con el espectador una conversación silenciosa con la que nos cuenta su historia, lo que se ve a simple vista y lo que no se ve.

Al igual que en el cine, o en una obra de teatro, Lita Cabellut, crea su muestrario, su catauro de personajes para dar vida a un tema en el que ahonda recreándolo en una serie. Así han nacido:
Disturbance, Black tulip, Madness and reason, Dried tear, Coco, Camaron, Frida, Blind mirror, Tempus & amp; Divine, White silence, After the show, Memories wrapped in gold paper, Installation, State of grace, Country life,  Ethics y Dillusion.


Disturbance 19 y 20
Disturbance 14 y 13
 En la serie Disturbance, por ejemplo, Lita nos retrata de manera dual al personaje. Nos lo muestra con su máscara, esa a la que me refería al principio, la que nos ayuda a sentirnos seguros en la sociedad, y, a continuación,  en el siguiente lienzo, lo retrata en su desnudez total, tanto física como emocionalmente. Si en el primer retrato la ropa, los complementos, las joyas y el maquillaje, visten al personaje con cierto colorido y la piel mantiene su tonalidad, en su homónimo, el personaje está completamente desnudo, y su piel se nos muestra con tonos blancos, como si fuera de fría porcelana, como una estatua de alabastro, como un objeto que no es capaz de tener sentimientos o que esconde sus sentimientos tras esa aparente frialdad de loza o de piedra. Sea como fuera, cada una de estas dualidades, tal como dicta su título, Disturbance, nos perturban y nos hace mirar más allá del espejo que nos muestra Lita, por que las lecturas son infinitamente variadas.

Lita ha bebido de los grandes clásicos de la pintura española: de Velázquez, de Goya, de Ribera; también de pintores foráneos: Rembrandt, Rubens, Tiziano,  de la escuela flamenca; lo demuestra su destreza a la hora de enfrentarse a la figuración y su manera de tratar el rostro y el cuerpo humano, con un acertado estudio de la luz y del color que evoca a estos grandes maestros, pero luego su pincelada se vuelve provocadora, trasgresora, desenfadada, sobre y tras las figuras, en los fondos, y aquí encontramos brochazos, manchas, spray  y chorreos que nos  remiten a Pollock, a Willem de Kooning, a Lucian Freud, y hasta, me atrevería a decir, a Basquiat, al grafiti o al primitivismo, pero no creo que Lita lo haga con conocimiento de causa, sino de manera intuitiva y pasional, porque ella tiene ese duende, ese talento intrínseco para crear siguiendo el impulso, el arrebato o la espontaneidad. También,  en series como: Dillusion, Country life, State of grace o Installation, encontramos un cierto paralelismo con Francis Bacon en la manera de retratar los rostros deformados incentivando lo grotesco. Esa dualidad que tienen sus cuadros de moverse entre lo clásico y lo vanguardista los dota de una maravillosa intemporalidad.
De la serie Black tulip /2014
Happy few /2010 / de la serie State of grace.
Spectacle 03 /2012 / de la serie After the show

Espai Volart, de la Fundación Vila Casas, quien presentó en sus inicios a Lita por primera vez en el 2013, acoge esta impresionante “Retrospective” que no os dejará indiferente, porque toda la fuerza emotiva, todo el temperamento de Lita, sus obsesiones, sus arrebatos pasionales, su mirada única e incisiva sobre el comportamiento humano, su manera de concebir la pintura,  etc,  están ahí representados, y el espectador se adueña de todo ello y se lo lleva a casa, y, tal como pregona el título de una de sus series, se queda en estado de gracia, envuelto en su universo cromático, ese universo de colores fríos y cálidos aplicados con certera habilidad para contar, para narrar,  ellos también, el discurso pictórico del lienzo.


Lita Cabellut es, hoy por hoy, una de las artistas españolas más importantes de la plástica a nivel mundial, así mismo es la pintora española más cotizada del momento. De niña gitana humilde, adoptada por una familia catalana, pasó a ser, tras una visita al Museo del Prado de la mano de sus padres adoptivos, una artista que sólo vive para y por el arte, el arte con mayúsculas en todas sus variantes, porque Lita no solo pinta, también hace performance, instalaciones, esculturas, fotografías y escribe poemas. Lita actualmente reside en La Haya, Países Bajos.
Yo, ante uno de lo lienzos de la serie Frida.

“Si mis pinceles no pudieran hablar,
Si mis pies no fueran capaces de dar un paso adelante o volver
para ganar perspectiva en lo que veo
Si en mi cabeza la confusión y la duda no reinaran
-si no lloro, me río-.
Si no estuviera deslumbrada por el blanco y conmovida por el añil,
qué soledad tendría conmigo misma”.


Lita Cabellut

 Más sobre esta artista en su página web, clicando aquí



Nota: Esta crónica está dedicada a la exposición "Retrospective", aunque pudiera aplicarse a una gran parte de la obra de Lita Cabellut. Por otro lado, la opinión aquí vertida obedece únicamente al criterio personal de este servidor, puede estar errada o no. Tómela, simplemente, como la visión (ojo crítico) de un espectador común aficionado a las artes plásticas.  


Catálogo de la exposición (muestra)









O. Moré

2017